O mueres como un héroe, o vives lo suficiente para verte convertido en un villano.
Harvey Dent. El caballero oscuro.
Hace ya dos meses, la mañana previa al ya histórico Warm Up’23: Festival de las tempestades, me fui de aquí, sin una fecha definida de vuelta.
En los albores de otro verano más, que se ha hecho de rogar pero ya ha comenzado a asfixiarnos sin piedad a los que lo vivimos en Murcia, retomo este espacio, sin saber la continuidad que le daré, y curiosamente para hablar de saber irse.
Partimos de la base de que ni soy coach, ni psicólogo, ni gurú, ni un ejemplo de nada, ni hostias. Así me quito la presión y tú rebajas las expectativas. Este texto, como todo lo que escribo, parte de que he leído y aprendido algo interesante y útil en mi vida, me empieza a arder por dentro el deseo por compartirlo con algunas personas con las que me gusta compartir experiencias, y lo plasmo aquí, donde como daño colateral, reciben este texto, a veces infumable, en su email un par de centenares de personas que no tenían culpa de nada.
Lo vuelvo a recalcar: mi objetivo es compartir. Ni soy un ejemplo, ni estoy dando consejos, pero el verano me parece un período de transición ideal para reflexionar sobre ciertos temas, porque como todos sabemos, aunque el año natural empieza en enero, la realidad es que en la práctica el año empieza en el mes de septiembre. Y un tema estrella al que tenemos alergia es el de saber irse.
No sabemos irnos, y esto nos quita mucha vida. No sabemos irnos a tiempo de una fiesta antes de que todo degenere, no sabemos irnos de una relación que tiene más de secuestro que de relación, no sabemos irnos de un trabajo que odiamos y nos empieza a costar más salud de la que podemos pagar con el dinero que recibimos… no sabemos irnos, de ninguna parte. Nos quedamos, miramos para otro lado, pensamos (o nos autoconvencemos) que las cosas van a mejorar y nos morimos esperándolo.
En nuestro equipamiento de serie llevamos implantados unos cuantos mecanismos que nos hacen unos inútiles para el cambio. Irse, cambiar, dejarlo, a veces es asumir un fracaso. Asumir que probablemente hemos tomado decisiones equivocadas. Nuestro cerebro nos hackea mediante lo que se conoce como sesgos cognitivos para mantenernos convencidos de que todas nuestras decisiones son correctas, universales e imperecederas. Nos morimos como unos desgraciados, pero eso sí, llevando razón.
Si con el tiempo, las evidencias de que deberíamos cambiar de opinión o abandonar una posición empiezan a ser aplastantes, nuestro cerebro sigue tirando de repertorio y de sesgos, ganando relevancia uno de mis favoritos: el bucle en el que nos adentra la falacia de los costes hundidos, donde encontramos situaciones en las que ya ha pasado el tiempo y está claro que una inversión/trabajo/relación no ha funcionado, pero seguimos invirtiendo tiempo, dinero o salud sólo por el mero hecho de que sabemos que ya no vamos a recuperar lo invertido hasta el momento. La falacia de los costes hundidos nos aboca a perder de manera casi consciente y hasta el final.
Saber irse significa por lo tanto, aprender a desbloquear los hackeos de nuestro cerebro. Conocerlos no nos va a librar de caer en ellos, pero nos hará conscientes. Ahora es cuando te confieso que yo tampoco sé irme de los sitios. Si me he sabido ir de algunos, ha sido pura casualidad. Pero por suerte, hay gente que nos ayuda porque lo estudia, lo sintetiza para tontos y lo divulga.
Hasta ahora, la mejor en esto es curiosamente una jugadora profesional de póker, Annie Duke, que ya tenía un libro muy bueno sobre la importancia de la suerte en nuestras vidas, y ahora tiene uno mejor, sobre cómo abandonar.
De lo que plantea Annie Duke, le compro sin miramientos el concepto que desarrolla de los Kill Criteria, por lo que significa en sí, y porque el nombre suena muy guapo.
Los Kill Criteria son la clave para desbloquear nuestro cerebro. Hay que activarlos cuando llega el momento en el que un proyecto vital, laboral, etc… empieza a no estar del todo claro.
Los Kill Criteria no son un botón que accionas para que todo salte por los aires cuando lleguen las dudas, sino una serie de criterios que, dentro de un marco temporal te pueden ayudar a tomar la decisión que no sabrías (o no te atreverías) a tomar de otra manera. Son un plan de huida si las cosas no son como esperabas.
Es decirte “si dentro de tres meses me siguen pagando esta puta mierda, nadie me valora, y no hay opciones de ascender, yo aquí no puedo seguir”.
Es decirte “si este verano mi pareja me sigue ninguneando y discutimos más veces de las que disfrutamos, en otoño lo replanteo todo”.
Es decirte “si para finales de año mi canal de Twitch tiene una media de 10 espectadores, lo cierro y sigo estudiando”.
Piénsalo, sólo el hecho de que ahora mismo te estés planteando activar los Kill Criteria en algún ámbito de tu vida, ya es suficiente para diseñar ese plan de escape, porque si lo estás pensando, quiere decir que en el fondo sabes que si dentro de tres meses te van a pagar esa misma mierda, dentro de seis estarás igual, y dentro de cinco años, muy parecido: hay un 100% de posibilidades de que sigas quemado.
Si lo dejas, siendo realistas, hay posibilidades de que las cosas vayan a peor, pero también se abren otros caminos, que pueden ser mejores. Nadie te asegura un 100%, pero se abre un porcentaje para una vida mejor que no existe si no te vas, y como amortiguador, el hecho de que gran parte de nuestras decisiones pueden ser reversibles (si activamos los Kill Criteria de los Kill Criteria).
Siendo sincero, nunca he llegado a aplicar los Kill Criteria en mi vida, pero los tengo, además por escrito, para varios frentes abiertos. De esta manera me creo El Profesor de La Casa de Papel, y el atraco al Banco de España es mi propia vida. Tenerlo todo previsto, hasta la huida, te da otra tranquilidad, aun siendo consciente de que muchas cosas escaparán de tu control.
No obstante, siempre tendremos la opción de no hacer nada. Es una opción tan factible y real como todas las demás. De hecho, es la que tomamos por defecto. Ya te comentaba más arriba que no sabemos irnos. En ese caso recuerda esto: hay decenas de profesionales que se han dedicado a estudiar y recoger el testimonio de miles de personas antes de morir.
Todos coinciden en el principal motivo de arrepentimiento en el lecho de muerte, ya sea en España, Estados Unidos, Japón o Tayikistán.
Ojalá hubiera sido valiente para vivir la vida que deseaba y no la que otras personas (padre, madre, pareja, etc.) habían preparado para mí.
Espero que tú estés a tiempo.
Love ❤️🩹
Iván



